Discapacidad en Derechos de las personas y sociedad

Podríamos decir, de manera sencilla, que el modelo social de la discapacidad es la forma contemporánea de comprender el fenómeno de la discapacidad. Esta manera de entender la discapacidad va a ser bien relevante para ver de qué manera el Derecho responde hacia el reconocimiento, disfrute y ejercicio de Derechos por parte de las personas con discapacidad.

Tradicionalmente, las personas con discapacidad, a pesar de ser seres humanos, han visto negados una serie de Derechos. Por ejemplo, el derecho al voto o, por ejemplo, el derecho a la libertad, cuando, contra su voluntad, una persona con discapacidad es internada en un centro de salud mental.

Esta es una situación muy parecida a la que en su momento han afrontado personas afrodescendientes o mujeres. Sin embargo, esta falta de reconocimiento de los Derechos de las personas con discapacidad ha ido cambiando.

No obstante, esta evolución ha sido paulatina y podemos verla materializada o sistematizada en los tres modelos de la discapacidad. El primero es el "modelo de la prescindencia". Como su nombre lo indica, el modelo de la prescindencia plantea que las personas con discapacidad son prescindibles, es decir, no son útiles para la sociedad.

Bajo este modelo, la discapacidad es considerada como un castigo o como una maldición y por lo tanto, la respuesta de la sociedad es la eliminación de estas personas.

Un ejemplo de este modelo en la Historia lo podemos encontrar en la sociedad de Esparta, donde los niños con malformaciones eran arrojados por el monte por no ser útiles para una sociedad eminentemente guerrera.

Modelo social derechos de las personas con discapacidad

Sin embargo, hoy en día podemos ver este modelo reflejado en nuestra sociedad cuando encontramos personas con discapacidad psicosocial que están en una situación de institucionalización médica.

Es decir, han vivido toda su vida y vivirán hasta el día de su muerte en un centro de salud mental porque la sociedad ha decidido segregarlas, separarlas y no verlas bajo la premisa que no son personas útiles o relevantes para nuestro mundo. El segundo es el "modelo médico o rehabilitador". Este modelo parte de un estándar de "normalidad", y por lo tanto la persona con discapacidad debe procurar llegar a esta normalidad.

Bajo el modelo médico, la discapacidad se asocia a la enfermedad, y por tanto superarla implicará curarse o rehabilitarse. Solamente en la medida en que las personas con discapacidad se curen o rehabiliten podrán ser plenamente integradas. De lo contrario, permanecerán segregadas. En estas imágenes podemos ver dos formas de asociar la enfermedad a la discapacidad: en la primera imagen de un anuncio publicitario vemos unas muletas (que sin duda nos llevan a pensar en una discapacidad física) con el eslogan "queremos verte sano". Por lo tanto, lo contrario a la discapacidad será la salud.

En la segunda imagen, tenemos a una persona en los años 50 que residía en un centro de salud mental y que era sometida a una serie de tratamientos para "curar" su discapacidad.

Estas personas eran sometidas a tratamientos de agua o lobotomías porque se entendía que era necesario sacarlas de esta situación de discapacidad para que pudieran convivir con nosotros. El tercero es el "modelo social" y va a revolucionar la forma en la que se entiende la discapacidad. Bajo el modelo social, la discapacidad es un concepto móvil o una construcción social. Este modelo no va a plantear que la discapcidad es una maldición o un castigo divino ni va a plantear que es un problema asociado a una enfermedad que radica en la persona.

Por el contrario, el modelo social postula que la discapacidad es el resultado de deficiencias que están en el ser humano (físicas, intelectuales, sensoriales) y de barreras que generan una limitación en el disfrute de Derechos. La discapacidad será entonces el resultado de la interacción entre las deficiencias y las barreras. Entonces, lo que plantea este modelo es que la discapacidad ya no es una cuestión que radica en el individuo sino que es la propia sociedad la que genera esa discapacidad.

Es la propia sociedad la que discapacita. El modelo social ha sido reconocido en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las personas con discapacidad, que se adoptó el 13 de diciembre del 2006. Esta convención entró en vigor el 3 de mayo del 2008 y resulta obligatoria para todos los estados parte, incluyendo el Estado peruano. La convención es importante, en primer lugar, porque fue elaborada gracias al impulso y participación activa de las personas con discapacidad bajo el lema "nada para nosotros sin nosotros".

En segundo lugar, es importante porque reconoce el principio de autonomía plena de las personas con discapacidad y la prohibición de cometer actos de discriminación por discapacidad.

La convención ha sido recogida, de alguna manera, en nuestro ordenamiento interno por la Ley General de las personas con discapacidad (Ley 29973) y su reglamento.

Tanto la convención como la ley y su reglamento nos plantean un nuevo reto como sociedad: comprender que no es el individuo con discapacidad la que tiene que adaptarse a nuestra sociedad para poder ejercer sus Derechos. Por el contrario, es la sociedad quien debe realizar las adaptaciones y los ajustes necesarios para no generar una situación de discapacidad a esta persona.

Solamente comprendiendo este cambio de enfoque lograremos la verdadera inclusión de las personas con discapacidad en nuestra sociedad.

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